Atracos, Robos, Asesinatos


En la República Dominicana, y específicamente en la ciudad de San Francisco de Macorís, hemos visto el incremento de la maldad, y la rebeldía del hombre a lo que es la Palabra de Dios, el hombre pecador, vive su propia vida y no se imagina siquiera que tarde o temprano habrá un juicio, y que este  juicio comienza desde el mismo momento en que la muerte llega (He.9:27) y si el hombre obrador de maldad no se arrepiente, y reconoce a Jesucristo como único y suficiente salvador en su vida, será condenado porque la ira de Dios está en él (Juan 8:36).

Tarde o temprano caerá el juicio de Dios a esta humanidad ¿Por qué me expreso así? porque conforme a la Biblia, los juicios de Dios han caído por la desobediencia del hombre y su entrega placentera al pecado, y cuando vemos una extrema abundancia de la maldad que va en crecimiento cada día, por consiguiente podemos tomar de ejemplo el diluvio, el cual fue enviado por Dios ¿por qué? por la maldad, y la rebeldía del hombre.

Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Génesis 6:5 RVR60.

<< Y vio Jehová (El Yo Soy) que la maldad de los hombres era mucha en la tierra >> El Yo Soy ve la maldad de los hombres, su estilo de vida, todo cuanto hacen, pero vemos que esta maldad era (Mucha) y cuando la maldad rebosa la copa, llega un momento en el que Dios actúa.

<< Y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal >> Como en los días previo al diluvio estamos ahora ¿Por qué? porque toda la intención del hombre, de su pensamiento que sale de su corazón es de continuo al mal. Cuando el hombre solo piensa en el mal, vienen las obras de maldad, los atracos, los robos, los asesinatos, las rebeldías, las manifestaciones contraria a todo lo que es de Dios (Mt. 15:19). La Biblia nos dice que el cielo y la tierra que vemos hoy están reservados por la palabra, para el fuego en el día del juicio y la perdición de los hombres impíos, o sea malvados (2Pedro 3:7).

Dios no quiere que el hombre se pierda, sino que haya un arrepentimiento en su corazón (2Pedro 3:9) que le conozcan a Él, a través de Jesucristo y reciban la vida eterna (Juan 17:3).


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